El intrusismo profesional le pone voz al desfile de locutores en las pantallas de nuestros televisores. Sin otros atributos que la improvisación o un familiar en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), muchos de los locutores emergentes siembran el pánico en la lengua castellana.
Como quijotes contra los molinos de letras en la pronunciación del idioma, se abalanzan micrófono en ristre sobre eles, eses y no articulan frase con la dicción correcta.
La presencia de la cantante
Osdalgia Lesmes como conductora del programa
Tu música en mí, hizo que locutores y televidentes se sintieran agredidos por palabras que abaratan las conversaciones en el país.
De “vulgaridad en los gestos, pobreza en el lenguaje, mal decir, y pésima pronunciación”, calificó el periodista Reinaldo Cedeño el desenvolvimiento de Osdalgia como locutora en un programa de alcance nacional.
La población se preocupa, critica y compara a estos improvisados locutores con Consuelito Vidal, Germán Pinelli, Cepero Brito y otros que sentaron cátedra en la locución, no sólo por sus conocimientos y profesionalismo, sino también por la gracia y el don natural de comunicar. El telespectador merece respeto y la locución implica responsabilidad. Cualquier cayuco de moda no puede sustituir a un locutor.
Pero en Cuba sí. Sólo tienen que caerle bien al director, tener dinero, o un rostro que televise, aunque sea un patán que confunda fruición con fricción...
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